lunes, 25 de abril de 2011

EL TEATRO SEGÚN GARCÍA LORCA

Federico García Lorca con la actriz Margarita Xirgu y
Cipriano Rivas en la presentación de Yerma (1934

“El teatro fue siempre mi vocación. He dado al teatro muchas horas de mi vida. Tengo un concepto del teatro en cierta forma personal y resistente. El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse humana, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus traiciones, que se aprecien sus olores y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de amor o de ascos (…) Se escribe en el teatro para el piso principal y se quedan sin satisfacer la parte de butacas y los pisos del paraíso. Escribir para el piso principal es lo más triste del mundo. El público que va a ver cosas queda defraudado. Y el público virgen, el público ingenuo, que es el pueblo, no comprende cómo se le habla de problemas despreciados por él en los patios de vecindad”

La Voz de Madrid (7, abril, 1936 )

 “Aquí lo grave es que las gentes que van al teatro no quieren que se les haga pensar sobre ningún tema moral. Además, van al teatro como a disgusto. Llegan tarde, se van antes que termina la obra, entran y salen sin respeto alguno [...] Yo espero para el teatro la llegada de la luz de arriba siempre, del paraíso. En cuanto los de arriba bajen al patio de butacas, todo estará resuelto. Lo de la decadencia del teatro a mí me parece una estupidez. Los de arriba son los que no han visto Otelo ni Hamlet, ni nada, los pobres. Hay millones de hombres que no han visto teatro. ¡Ah! ¡Y cómo saben verlo cuando lo ven! Yo he presenciado en Alicante cómo todo un pueblo se ponía en vilo al presenciar una representación de la cumbre del teatro católico español: La vida es sueño. No se diga que no lo sentían. Para entenderlo, las luces todas de la teología son necesarias. Pero para sentirlo, el teatro es el mismo para la señora encopetada como para la criada. No se equivocaba Molière al leerle sus cosas a la cocinera.”

El Sol (15, diciembre, 1934)

Comenta en diez líneas las ideas de Federico García Lorca sobre el teatro, tanto propio como el de su época.

jueves, 14 de abril de 2011

PANTALLAS


 Pantallas

No recuerdo haber visto nunca en una película norteamericana el interior de una casa donde apareciera una biblioteca familiar. Tampoco a ningún héroe del cine clásico, Gary Cooper, John Wayne, Henry Fonda, leyendo un libro en la mecedora del porche después de realizar cualquier hazaña. Por los descampados del lejano oeste puede que a veces cruzara un tipo con un levitón polvoriento vendiendo biblias. Queda la estampa cinematográfica de algún reverendo abriendo el libro de los salmos al borde de una fosa descarnada en el momento de mandar a los verdes valles del Edén a cualquier fiambre, pero luego, nada. Los deudos devoraban la tarta de frambuesa que había preparado Maureen O'Hara para después del funeral. Nadie será capaz de imaginar una secuencia con Robert de Niro, Jack Nicholson o Brad Pitt enfrascados en la lectura de una novela. Ni siquiera Woody Allen se ha permitido el lujo de decorar el despacho de su psicoanalista con una estantería cargada de volúmenes manoseados. Los libros en el cine no existen. Esos best sellers con títulos dorados en relieve, que las amas de casa meten en la cesta de la compra junto a las zanahorias, nunca se quedan en casa después de ser leídos. Cuando las cámaras llegan, el trapero ya se los ha llevado. Se ha dicho hasta la saciedad que las pantallas han derrotado a los libros. Media humanidad se pasa el día sentada devorando imágenes. En el avión, en el tren, en el bar, en el hospital donde te acaban de rajar, en el sofá en el que caes rendido al final del día siempre hallarás enfrente una pantalla vertiendo en tu cerebro infinidad de monigotes. Las fotos de los periódicos cada día más grandes, los cuerpos gloriosos de belleza visual que pueblan las revistas satinadas, también se han puesto de parte de las pantallas en la guerra contra la letra impresa. Pero de los libros se salvan siempre las imágenes. Se trata de saber qué tiene más fuerza todavía, si la imagen literaria que conservamos en la memoria después de la lectura o la visión de toda esa fantasmagoría de luces y sombras. Qué deja un oro más profundo en el alma, la goleta Hispaniola navegando rumbo a la Isla del Tesoro a través de las páginas del libro o Gary Cooper soplando la boca del revólver en la pantalla.

MANUEL VICENT 13/04/200. EL PAÍS

 Comentario crítico de Jacinto Carrasco (2º bachillerato A)

El texto que nos ocupa es la columna titulada Pantallas, obra del escritor valenciano Manuel Vicent y publicada en el diario nacional El País el día 13 de abril de 2008. El tema de ésta es el avance de la imagen frente a la palabra escrita, expresada como una reflexión en voz alta que contiene la preocupación de un literato que echa en falta la imagen de libros en la gran pantalla.
El periodista evoca las imágenes que él mismo critica para señalar la ausencia de la literatura en las películas clásicas del cine estadounidense. Y para ello hace un alarde de conocimiento cinematográfico nombrando numerosas escenas y actores de Hollywood cuya única relación con un libro consiste en la aparición de la Biblia, objeto que no puede desaparecer por la importancia de la religión en el lejano Oeste, aunque cada héroe se tomara la religión a su estilo. Para aumentar esta impresión nombra a Woody Allen, director neoyorquino que gusta más a los intelectuales que el cine comercial de Los Ángeles por sus guiones elaborados, lo que nos lleva a pensar que ni siquiera los directores más alejados del circo en el que se ha convertido el cine de la costa oeste se acuerdan de la literatura. Más adelante Manuel Vicent expresa su queja sobre la nueva forma de llamar la atención que han adoptado los periódicos, grandes titulares con grandes letras impresas sobre una fotografía aún mayor, que hacen que las portadas no sean sino carteles propios de revistas corrientes y que obligan al lector a comprar el periódico si quiere conocer qué ha ocurrido realmente, aunque este hecho será nuevamente resumido a base de imágenes, que en el mejor de los casos, contengan un pie de foto que explique con palabras lo acontecido. El final de la columna plantea una pregunta retórica acerca de la huella que dejan tanto una escena de una película como las imágenes literarias transmitidas en una novela, obligando al lector a posicionarse  en uno u otro bando.
Considero que es innegable el avance de la imagen frente a la palabra escrita aunque quizá Manuel Vicent vaya demasiado lejos y cuestione únicamente la parte de culpa que corresponde a la industria cinematográfica, editorial y al consumidor, sin llegar a pensar en que también los escritores son responsables de ello. Por un lado nos encontramos en cada librería o Feria del Libro una cantidad cada vez mayor de libros de autoayuda, de cocina y de cómo hacer uno mismo una estantería, dejando a la palabra en una posición bastante mejorable. Tampoco creo que el cine se haya olvidado completamente de la literatura, y menos que lo haya hecho más que el público en general. Por ejemplo, es reciente la película El escritor, y su relación con la literatura no extraña al espectador. Sí es cierto que el psicoanalista de Woody Allen (o los psicoanalistas) no presentan una estantería con volúmenes desgastado, aunque el director y actor sí menciona algunos libros como en la película Annie Hall para aludir a la cultura de la que él alardea. Así que no creo que en este “conflicto” sólo pueda y deba quedar uno porque la estantería que hemos hecho sea muy pequeña para el libro y la cinta de vídeo o el DVD, por lo que ni Gary Cooper soplará a su revólver al agujerear a un tomo de literatura ni el Quijote arremeterá contra las cámaras cinematográficas.

viernes, 8 de abril de 2011

MUJERES Y REVOLUCIÓN


 

CABEZAS   

ALMUDENA GRANDES 


Busco cabezas. Desde hace semanas, en las fotos, en los vídeos, en los telediarios, busco cabezas de mujer. En Túnez las vi, cabellos largos y cortos, rubios y morenos, enmarcando rostros que eran más que dos ojos para mirar a la cámara, más que una boca para expresar su júbilo. Me emocionaron tanto que seguí buscándolas. Vi algunas en El Cairo durante tres, cuatro días. Luego, a traición, me asaltaron unos ojos exquisitamente maquillados bajo unas gafas, y el vocabulario rico, preciso, propio de una intelectual. Todo lo demás era blanco, la túnica, el velo, los guantes de algodón que ocultaban sus manos. En Yemen, en Omán, en Bahréin ni siquiera he visto eso, porque las mujeres, con velo o sin él, no pisan la calle, ni antes ni ahora ni, a este paso, jamás. Las revueltas que conmueven al mundo se han convertido, como aquel coñac de mi infancia, en cosa de hombres.

En este espacio no cabe una tesis, y esta columna no pretende serlo. Me limito a anotar un estado de ánimo, a sabiendas de que en esta coyuntura no resulta simpático. Pero yo nací en España hace 50 años, y por eso sé que los velos no son una seña de identidad religiosa, sino una mutilación simbólica. Vi demasiadas veces a mi madre con un pañuelo en la cabeza como para tragarme lo contrario. Antes de que las mujeres de mi generación nos soltáramos el pelo, las señoras decentes lo llevaban recogido. Sus maridos, creyentes o no, monopolizaban el privilegio de verlas sin horquillas porque eran los amos de su cuerpo, y ellas acataban en público ese dominio sometiendo sus cabellos a una disciplina que actuaba como una metáfora de su destino.

Este es el momento de plantearse la legitimidad de un movimiento democrático que excluye la libertad pública y privada de las mujeres. Comprendo que pensar en esto no es agradable, pero después, seguramente, será tarde.

El País, 7 /03/11

 MUJERES ÁRABES
 

MARUJA TORRES 

 

La guerra contra Gadafi la perdieron los rebeldes años atrás, cuando Occidente le cambió Pasado por Petróleo y abrió sus palacios a la jaima del tirano y su bufonesca corte. Todo lo que ha tenido que hacer el dictador es seguir tomándole el pelo a esta comunidad occidental más codiciosa y despistada que un inversor en Rumasa de segunda generación. Con suerte, conforme el tiempo avanza -y eso es lo que hace el sátrapa, ganar tiempo-, iremos viendo que, bueno, qué se le va a hacer, fue un bonito intento pero no duró. Al fin y al cabo, la lección de Libia aprovechará a nuestros amiguitos que mandan en Argelia, Arabia Saudí, Yemen, Bahréin y etcétera, un etcétera encabezado por Marruecos. De modo que no habrá mal que por bien no venga. Toma ya, revolución Facebook. Lo de siempre sigue de moda.
¿Qué podemos hacer? Poco. Pero hay algo que sí. Ayer publicaba este periódico dos informaciones, firmadas por mujeres -Georgina Higueras y Nuria Tesón-, dando cuenta, la una, de las palabras de Nawal el Saadawi, y, la otra, de la brutal humillación a que fueron sometidas en Tahrir, por sus propios compatriotas masculinos, cuando se manifestaron en favor de su igualdad de derechos en el nuevo Egipto. El machismo patriarcal atufa, con o sin revolución. Sostengo que el rechazo del velo no puede imponerse, debe surgir de la propia mujer. Pero cuando esa mujer ya existe, y está clamando por sus derechos, hay que ayudarla.
Puede que los gobernantes no sepan o no quieran sacar a Gadafi de su trono. Pero nosotras tenemos muchas formas -somos feministas del Primer Mundo- de colaborar con nuestras hermanas árabes, de hacerles sentir que no están solas.
¿Para qué sirve un Día de la Mujer, si el resto del año nos quedamos quietas?

El País, 10 /03/11

Materiales de ayuda:

1. Entrevista de Georgina Higueras a Nawal El Saadawi en El País (7/03/2011).
2. Reportaje de Nuria Tesón (El País, 08/03/2011).

viernes, 1 de abril de 2011

LOS TEXTOS PERIODÍSTICOS




De esta excelente página os ofrecemos los conceptos básicos sobre los textos periodísticos:

Los Textos Period is Ti Cos Bis                                                                

También podéis acceder a otros materiales:

domingo, 13 de marzo de 2011

"UN VIEJO QUE LEÍA NOVELAS DE AMOR". Comentario crítico


De nuevo vuestra compañera Laura (a la que vamos que tener que hacer una sección fija en este blog) nos envía una excelente comentario crítico sobre un fragmento de la novela de Luis Sepúlveda.

TEXTO

Capítulo II

Portada de la novela de Luis Sepúlveda
El alcalde, único funcionario, máxima autoridad y representante de un poder demasiado lejano como para provocar temor, era un individuo obeso que sudaba sin descanso.

Decían los lugareños que la sudadera le empezó apenas pisó tierra luego de desembarcar del Sucre, y desde entonces no dejó de estrujar pañuelos, ganándose el apodo de la Babosa.

Murmuraban también que antes de llegar a El Idilio estuvo asignado en alguna ciudad grande de la sierra, y que a causa de un desfalco lo enviaron a ese rincón perdido del oriente como castigo. Sudaba, y su otra ocupación consistía en administrar la provisión de cerveza. Estiraba las botellas bebiendo sentado en su despacho, a tragos cortos, pues sabía que una vez terminada la provisión la realidad se tornaría más desesperante.

Cuando la suerte estaba de su parte, podía ocurrir que la sequía se viera recompensada con la visita de un gringo bien provisto de whisky. El alcalde no bebía aguardiente como los demás lugareños. Aseguraba que el Frontera le provocaba pesadillas y vivía acosado por el fantasma de la locura. Desde alguna fecha imprecisa vivía con una indígena a la que golpeaba salvajemente acusándola de haberle embrujado, y todos esperaban que la mujer lo asesinara. Se hacían incluso apuestas al respecto.

Desde el momento de su arribo, siete años atrás, se hizo odiar por todos. Llegó con la manía de cobrar impuestos por razones incomprensibles. Pretendió vender permisos de pesca y caza en un territorio ingobernable.

Quiso cobrar derecho de usufructo a los recolectores de leña que juntaban madera húmeda en una selva más antigua que todos los Estados, y en un arresto de celo cívico mandó construir una choza de cañas para encerrar a los borrachos que se negaban a pagar las multas por alteración del orden público.

Su paso provocaba miradas despectivas, y su sudor abonaba el odio de los lugareños. El anterior dignatario, en cambio, sí fue un hombre querido. Vivir y dejar vivir era su lema. A él le debían las llegadas del barco y las visitas del correo y del dentista, pero duró poco en el cargo.

Cierta tarde mantuvo un altercado con unos buscadores de oro, y a los dos días lo encontraron con la cabeza abierta a machetazos y medio devorado por las hormigas.

(Luis Sepúlveda. Un viejo que leía novelas de amor)


COMENTARIO CRÍTICO

El fragmento ante el que nos encontramos, perteneciente a la novela de Luis Sepúlveda Un viejo que leía novelas de amor, constituye un texto literario de género narrativo. Su autor, nacido en Chile en 1949, es un destacado novelista del post-boom de la literatura hispanoamericana, aunque también ha cultivado otros géneros como la poesía y el cuento.

En esta obra, galardonada con el premio Tigre Juan y traducida a catorce idiomas, nos presenta la historia de Antonio José Proaño, un anciano solitario que, después de haber pasado largos años conviviendo con los indígenas shuar, quienes llegaron a considerarlo uno de los suyos, conoce todos los secretos de la selva amazónica. Sin embargo, su territorio se encuentra ahora amenazado por la llegada del hombre blanco y por la destrucción cruel y ciega que este trae consigo.

Nuestro fragmento tiene precisamente como protagonista al personaje que simboliza, a lo largo de toda la novela, a la "civilización" blanca: se trata del alcalde de El Idilio, completo desconocedor de las costumbres y usos de la zona, y que pretende ejercer la autoridad en un “territorio ingobernable”.

La caracterización del personaje –obeso, sudoroso- ya nos da a entender el desprecio que provoca entre los lugareños; pero se trata de un desprecio recíproco, mayor si cabe por parte del alcalde, que se basa en la consideración de que los indios son seres incivilizados.

Esta idea, que podríamos afirmar se encuentra establecida en la cultura occidental desde la llegada de Colón a América, es precisamente la que se plantea invertir Luis Sepúlveda con este relato. El conflicto entre civilización y barbarie, la progresiva desvinculación del desarrollo de la razón con la naturaleza, los sentidos y el instinto aparecen representados en la novela por unos colonizadores que se entremeten en un mundo del que nada conocen y al que nada deben, alterando a su paso el equilibrio antes tan bien atesorado. Los habitantes de la selva, por su parte, aparecen pasivos ante un poder invencible que, de hecho, terminará acabando con ellos.

No se trata de un tema imaginario: la novela indigenista americana, vertiente dentro de la que podemos encuadrar esta obra, constituye un extraordinario medio de denuncia a ese “progreso” que ya ha acabado con más de un sesenta por ciento de la selva amazónica, y ante todo, un canto al amor por la naturaleza.

Laura Cabeza Vega, 2º Bachillerato A

jueves, 10 de marzo de 2011

MATERIALES PARA EL ESTUDIO DE "Un viejo que leía novelas de amor"


Reproducimos a continuación la entrada que hemos realizado para Más que Libros, el blog de la biblioteca, sobre la novela que estamos estudiando. Espero que os sea de utilidad.

Este año leemos en clase de lengua castellana y literatura de 2º de bachillerato "Un viejo que leía novelas de amor", la obra más publicada de Luis Sepúlveda, con 18 millones de copias.

Nuestro autor, nacido en Chile, ha cultivado la narrativa, el periodismo y el guión cinematográfico. Para conocer en profundidad tanto su biografía como su obra os recomendamos estas direcciones de la Red:

Biografía:

- http://www.escritores.org/luissepulveda.htm
- Wikipedia
- El poder de la palabra

Entrevistas, reportajes, críticas literarias y textos:

- Luis Sepúlveda. El papel del mercado (2008)
- Luis Sepúlveda (El País).
- Textos, testimonios y entrevistas.
- Columnas (Carne de blog).
- Entrevista de Rodrigo Pinto.
- Escritores en primera persona. Luis Sepúlveda (Vídeo).

Si pasamos a materiales específicos sobre la novela que nos ocupa tenemos que destacar la página de Patricia Saldarriaga que realiza una análisis detallado de algunos aspectos de esta obra:




También disponemos de esta guía de lectura (Pilar Huguet) de Edu365.Cat, junto con otra del CFA Els Tarongers.

Nuestra aportación es la siguiente ficha de lectura que incluye además una referencia a la producción cinematográfica realizada a partir del libro:






Terminamos con dos referencias a la película que se realizó a partir de la obra narrativa. La primera es la página sobre el filme y la segunda es un enlace a la película online.

sábado, 8 de enero de 2011

Mi alma es hermana del cielo


MI ALMA ES HERMANA DEL CIELO

Mi alma es hermana del cielo
gris y de las hojas secas;
sol enfermo del otoño,
mátame con tu tristeza!

Los árboles del jardín
están cargados de niebla:
mi corazón busca en ellos
esa novia que no encuentra;

y en el sueño frío y húmedo
me esperan las hojas secas:
si mi alma fuera una hoja
y se perdiera entre ellas!

El sol ha mandado un rayo
de oro viejo a la arboleda,
un rayo flotante, dulce
luz para las cosas muertas.

¡Qué ternura tiene el pobre
sol para las hojas secas!
Una tristeza infinita
vaga por todas las sendas,

lenta, antigua sinfonía
de música y de esencias,
algo que dora el jardín
de ensueño de primavera.

Y esa luz de ensueño y oro
que muere en las hojas secas,
alumbra en mi corazón
no sé qué vagas tristezas.


(Arias Triste, 1903)

COMENTARIO CRÍTICO DEL CONTENIDO DEL TEXTO

El poema titulado “Mi alma es hermana del cieloes un texto literario de género lírico. Su autor es uno de los poetas más destacados de la literatura española, Juan Ramón Jiménez, premio Nobel de Literatura en 1956 y autor de una amplia obra poética en la que evoluciona desde una primera etapa modernista hacia una dimensión mucho más mística y vanguardista. El poema ante el que nos encontramos pertenece al libro Arias Tristes, que se encuadra dentro del primer periodo poético, con influencias del modernismo y el simbolismo.

El tema principal del poema es un sentimiento de tristeza y melancolía que lleva al yo poético a querer fundir su alma con la naturaleza, en la búsqueda de algo indefinible y elevado por encima de la realidad. El título ya nos muestra la intención del poeta, que pretende igualar a su alma con el cielo, quizás para alcanzar la eternidad.

En la búsqueda de esa fusión está muy presente la proyección de sentimientos en el paisaje. Se describe un jardín en otoño, lugar propio del modernismo que exaltan el mundo sensorial, a partir de la presencia constante del cromatismo. Recordemos que Juan Ramón Jiménez fue pintor antes que poeta, y que los colores juegan un gran papel en su poesía. En este poema destaca la “luz dorada” del sol que penetra en medio de la neblina y el gris del jardín lleno de “hojas secas”, constituyendo una antítesis notable en medio del tono de melancolía que inunda toda la composición. El léxico es sencillo, y la versificación empleada lo dota de una cierta musicalidad. Abundan en la descripción los adjetivos y adyacentes, mientras que la acción queda reducida a la búsqueda del protagonista por ese algo que no encuentra, y que en el verso 8 personifica en una mujer: “mi corazón busca en ellos/ esa novia que no encuentra”.

Esto nos lleva a pensar que la tristeza del poeta es consecuencia de su soledad: parece ser que se siente solo ante el mundo, y sobre todo, ante la muerte, y de ahí la necesidad de fundirse con la naturaleza. En este sentido, es muy similar a otro poema de Arias Tristes, “Mi alma ha dejado su cuerpo…” en que está muy presente la disociación alma-cuerpo, así como la naturaleza entendida como algo superior y eterno.

En conclusión, en este poema observamos a un Juan Ramón Jiménez que se mueve en un mundo poético muy sentimental y a la vez sensorial, y que entiende la poesía como vía de exploración de su mundo interno, más elevado que el externo. En este sentido, destaca al anticipar el núcleo temático de su poesía posterior, centrado en el ansia de trascendencia.

Laura Cabeza Vega. 2º Bachillerato A (Curso 2010/11)